Del Santiago viejo nos queda los vestigios de un jardín botánico-acuático, la Iglesia, restos del fuerte, dos pozos, un balneario y muchos restos de paredes, entre otras interesantes evidencias históricas.
En 1997 se realizaron estudios con equipo infrarrojos desde el aire que demuestran que todos los restos de Santiago Viejo reposan bajo la superficie, como un tesoro escondido lleno de secretos sobre la vieja ciudad, una de las primeras del Nuevo Mundo.
Santiago Viejo duerme allí bajo tierra. A su lado la Falla Septentrional, que provocó su destrucción en más de una ocasión. Ella no duerme! Y bulle en su silencio.
La Villa de Santiago fue fundada originalmente a orillas del Río Yaque del Norte en 1495, recién a la llegada de los colonizadores españoles en uno de sus viajes de conquista a la isla Española.
Por motivos que no están muy claros, la ubicación de la recién fundada villa fue trasladada en 1504 más al norte de aquel primer asentamiento.
Santiago fue fundada cercano a la falda del pico Diego de Ocampo (la mayor elevación de la Cordillera Septentrional) en un terreno llamado Jacagua, donde en la actualidad se pueden observar las ruinas de aquellas construcciones.
Este segundo asiento de la Villa de Santiago estuvo a cargo de Fray Nicolás de Ovando. El mismo conquistador Cristóbal Colón vivió en esta villa, junto al Fuerte de Santiago.
Construida sobre la misma falla tectonica se construyó entre 1504 y 1562 lo que se conoce hoy como Santiago de los Caballeros.
El nombre fue gracias a los 30 Caballeros de la Orden de Santiago que se establecieron allí.
Hasta que el 2 de diciembre de 1562 unos de los más devastadores y poderosos terremotos de la historia de la isla se encargó de destruir y hundir la Villa de Santiago, dejando escasos sobrevivientes.
Lo que quedó como vestigios de aquella pintoresca villa fue muy poco, ya que la destrucción de la misma fue total. Las muros y paredes cedieron. Las casas fueron hundidas. Todo quedó en ruinas y Santiago volvió a ser fundada justo donde había estado antes y donde hoy se encuentra, con una población urbana superior a los 300,000 habitantes.
Lo que pudo haber quedado en pié de aquellas ruinas de Santiago Viejo fue destruido por otros dos terremotos que tuvieron lugar más adelante en nuestra historia. Uno de esos temblores fue el sismo de 1783 y el otro se recuerda como uno de los más fuertes registrados aquí, el de 1842.
Cuenta la historia de los fundadores, especialmente la narrada por Carlos Benoit que a finales del siglo XIX, en la última década del mismo, el señor Ricardo Ovies, casado con Eufrosina Benoit (propietaria de los terrenos) descubre las Ruinas de Jacagua o Santiago Viejo y emprende la restauración de las mismas, para lo cual contrató los servicios del maestro Don Onofre de Lora. Pero un conflicto con la iglesia local frustró la culminación de dicha restauración y nunca se llegaron a terminar dichos trabajos. A la restauración de la Iglesia no se le llegó a poner el techo.